La construcción del futuro aparcamiento del antiguo cuartel de la Concepción es una buena noticia. Se trata de una infraestructura necesaria que contribuirá a aliviar uno de los principales problemas de movilidad de esta zona de la ciudad. Sin embargo, tan importante como el resultado final es la forma de llegar hasta él. Y es precisamente ahí donde surge la preocupación de vecinos y comerciantes.
Si las obras comienzan en los próximos días, desaparecerán de golpe decenas de plazas de aparcamiento en un entorno donde ya resulta complicado estacionar. La consecuencia es fácil de prever: más tráfico buscando un hueco, más dificultades para los residentes, menos clientes para los comercios y una mayor sensación de desorganización. No hace falta esperar a que ocurra para saberlo; basta con aplicar el sentido común.
Lo paradójico es que existe una solución al alcance de la mano. Con el inminente traslado de la estación de autobuses a las nuevas instalaciones, el espacio que ocupa la actual terminal quedará libre. Si ese terreno va a convertirse en una zona verde, ¿qué impide aplazar esa actuación unos meses y destinar provisionalmente el solar a aparcamiento público mientras se ejecuta el parking del cuartel de la Concepción?

No se trata de renunciar a la zona verde, sino de establecer prioridades. Los jardines pueden esperar unos meses; las necesidades diarias de miles de ciudadanos, no. Una ciudad bien gestionada no solo ejecuta proyectos, sino que planifica las transiciones para evitar que una mejora futura se convierta en un problema presente.
La Administración tiene la obligación de anticiparse a los efectos de sus decisiones. No es aceptable iniciar una obra de esta envergadura sin ofrecer una alternativa temporal que minimice el impacto sobre quienes viven, trabajan o compran en la zona. Gobernar consiste precisamente en prever estos escenarios, no en reaccionar cuando las protestas ya están en la calle.
La propuesta de los vecinos es tan sencilla como razonable: utilizar de forma provisional el solar de la actual estación de autobuses como aparcamiento hasta que finalicen las obras del nuevo parking. Cuesta creer que una solución tan evidente ni siquiera haya sido planteada oficialmente.
Las grandes ciudades europeas aplican con normalidad medidas transitorias para garantizar la movilidad durante obras importantes. Aquí no deberíamos conformarnos con menos. Si existe una alternativa que reduce las molestias, protege al comercio local y facilita la vida de los ciudadanos, lo responsable es ponerla en marcha.
Todavía estamos a tiempo. Antes de que las máquinas entren en el antiguo cuartel de la Concepción, el Ayuntamiento debería demostrar que sabe planificar con inteligencia. Porque un buen proyecto no se mide únicamente por cómo termina, sino también por cómo se gestiona el camino hasta llegar a él. Y ese camino, en este caso, puede hacerse mucho más llevadero con una decisión tan simple como necesaria.





