Los productores de Pujerra y del Valle del Genal reclaman precios justos, más investigación contra las plagas y una implicación real de las administraciones para evitar que el cultivo de la castaña, uno de los pilares económicos y culturales de la comarca, termine siendo inviable.

PUJERRA / VALLE DEL GENAL.— Los agricultores del Valle del Genal han alzado la voz ante una situación que consideran insostenible: el desplome del valor de la castaña en origen, las dificultades crecientes para mantener los castañares y la falta de respuestas eficaces por parte de las administraciones. Con la campaña recién iniciada, los productores denuncian que están recibiendo alrededor de un euro por kilo, mientras que el precio que llega a pagar el consumidor puede alcanzar los diez euros.
Una diferencia que indigna a quienes pasan buena parte del año cuidando los árboles, asumiendo los costes de producción y afrontando una recogida cada vez más complicada. Además, la campaña llega marcada por una cosecha muy escasa, aunque los agricultores destacan la excelente calidad del fruto y su calibre.
«¿Cómo es posible que el agricultor cobre tan poco por su trabajo mientras el consumidor paga precios tan elevados? ¿Quién se beneficia de esta diferencia?», se preguntan los productores, que reclaman transparencia en la cadena de comercialización para conocer qué parte del precio final corresponde a cada eslabón.
La diferencia entre el precio en origen y el precio de venta al público exige explicaciones. Los productores reclaman que se investiguen los márgenes comerciales y se adopten medidas que permitan garantizar una remuneración digna por su cosecha.
La situación vuelve a poner sobre la mesa una realidad que afecta a buena parte del campo: quien asume el riesgo de producir es, con demasiada frecuencia, quien tiene menos capacidad para decidir cuánto vale su trabajo. Los agricultores no pueden seguir soportando los costes, las dificultades y la incertidumbre de cada campaña mientras ven cómo sus explotaciones pierden rentabilidad.
MUCHAS DIFICULTADES PARA EL CAMPO Y POCAS SOLUCIONES
Al problema de los precios se suman años de sequía, enfermedades y la expansión de la avispilla del castaño (Dryocosmus kuriphilus), una plaga que amenaza la salud y la productividad de los castañares.
Los agricultores señalan que se han realizado comparativas sobre su incidencia, como las llevadas a cabo en el paraje de La Hiedra, en Pujerra, que ponen de manifiesto la necesidad de profundizar en la investigación y encontrar soluciones eficaces.
Sin embargo, los productores consideran que la respuesta institucional sigue estando muy por debajo de las necesidades reales del sector. La pregunta es inevitable: ¿dónde están los recursos, los programas de investigación y las medidas de apoyo que necesitan quienes mantienen vivo uno de los paisajes más emblemáticos de la Serranía de Ronda?
No basta con reconocer la importancia del castañar en los discursos institucionales. Hay que demostrarlo con presupuestos, investigación, apoyo al agricultor y medidas concretas.
De poco sirve presumir de patrimonio natural, turismo rural y productos tradicionales si quienes sostienen esa riqueza no pueden vivir dignamente de su trabajo.
Los agricultores reclaman la implicación urgente de los ayuntamientos del Valle del Genal y de las administraciones competentes para impulsar una respuesta coordinada que permita afrontar tanto la crisis de precios como las amenazas fitosanitarias.
LOS AGRICULTORES TAMBIÉN ENTONAN EL ‘MEA CULPA’: «TENEMOS QUE IR TODOS A UNA»
Los propios productores reconocen que una parte de la solución también pasa por mejorar su organización y su capacidad para defender colectivamente sus intereses.
La falta de unión, la comercialización individualizada y la recogida de castañas antes de alcanzar el momento adecuado son cuestiones que, a juicio de los agricultores, deben abordarse para fortalecer el sector.
Por ello, defienden la necesidad de avanzar hacia una mayor cooperación, explorar fórmulas de comercialización conjunta y trabajar para que los productores puedan negociar en mejores condiciones.
La creación o consolidación de una cooperativa que agrupe a los agricultores y permita concentrar la oferta aparece como una de las vías que merece estudiarse seriamente.
El objetivo es claro: dejar de actuar cada uno por su cuenta y construir una estrategia común que permita defender la calidad del producto, mejorar su comercialización y aumentar la capacidad de negociación frente a los compradores.
Porque la defensa de un precio justo no depende únicamente de las administraciones. También requiere organización, compromiso y unidad entre quienes comparten un mismo problema.
EL FUTURO DE TODA UNA COMARCA ESTÁ EN JUEGO
La crisis de la castaña no es exclusivamente un problema agrícola. Afecta al empleo, a la economía de los municipios, al mantenimiento de los montes y a la conservación de un paisaje que forma parte de la identidad del Valle del Genal.
Detrás de cada castañar hay años de trabajo, familias que dependen de sus cosechas y generaciones que han mantenido una tradición profundamente ligada a estas tierras. Si cultivar castañas deja de ser rentable, el riesgo es que se abandonen las explotaciones y que, con ellas, se pierda una parte esencial del patrimonio natural y cultural de la comarca.
Por ello, los productores reclaman cuatro medidas prioritarias: investigar la formación de los precios y los márgenes de comercialización; impulsar mecanismos que permitan mejorar el precio en origen; destinar recursos a la investigación y al control de las plagas; y coordinar a las administraciones y al sector para garantizar la continuidad de los castañares.
El mensaje de los agricultores es contundente: no piden privilegios, sino justicia, reconocimiento y condiciones dignas para seguir trabajando.