La Feria de Pedro Romero sitúa a la ciudad de Ronda ante una de sus citas más importantes del año. La Goyesca, los festejos taurinos, las galas folclóricas y el ambiente festivo han convertido estos días en uno de los momentos más señalados del calendario de nuestra ciudad. Precisamente por su historia y significado, la Feria debe estar a la altura de Ronda y ofrecer una programación de calidad, tanto para los rondeños como para quienes nos visitan. Por desgracia, esta edición ha dejado demasiados motivos para la reflexión.
Un pregón mediocre para abrir una gran Feria
El pregón debía ser el punto de partida de nuestra Feria, una oportunidad para ensalzar nuestra fiesta, nuestras tradiciones y todo aquello que hace singular a Ronda; terminó convertido en una proclama sobre el hermanamiento entre dos ciudades.
Un pregón de Feria debería conseguir que quien lo escucha salga con ganas de vivirla: sus calles, sus casetas, sus caballos, sus tradiciones, sus personajes y, por supuesto, su relación única con la Goyesca. Un pregón debe dejar algo en la cabeza cuando termina el aplauso. Debe emocionar, despertar orgullo y hacernos pensar en la Feria que queremos y en la Ronda que estamos construyendo.
“Banderillas negras” para El Festival de Cante Flamenco, lejos de los grandes festivales que tuvo Ronda
Existe una deriva de nuestro Festival de Cante Flamenco. Lo que durante años fue una referencia en Andalucía y en la provincia de Málaga corre el riesgo de convertirse en una celebración mucho más modesta, perdiendo el prestigio que llegó a alcanzar.
Ronda debería preguntarse qué quiere que sea su festival: ¿un encuentro de grandes figuras?, ¿una plataforma para jóvenes artistas?, ¿un reclamo turístico?, ¿un festival de referencia nacional e internacional? Intentar serlo todo puede acabar haciendo que no sea realmente ninguna de esas cosas.
Ronda tiene una ventaja extraordinaria: no necesita inventarse una historia flamenca. La tiene. Solo necesita recuperar su ambición y ponerla nuevamente en valor.
Ausencia de una caseta municipal y de conciertos de primer nivel
Otro de los déficits de esta Feria ha sido la falta de conciertos de primer nivel y de una programación capaz de ofrecer alternativas para públicos diferentes. Hemos echado en falta actividades infantiles atractivas; una Feria como la de Ronda debe ofrecer propuestas para toda la ciudadanía, especialmente, los más pequeños.
Los conciertos y actividades públicas cumplen una función esencial: crear un punto de encuentro común y hacer de la Feria una experiencia cultural y musical accesible para todos. Y aquí aparece otro vacío significativo: la ausencia de una caseta municipal. Las casetas de peñas y las destinadas al público joven no sustituyen necesariamente un espacio municipal abierto a todos: un lugar donde puedan encontrarse familias, mayores, jóvenes, visitantes y rondeños que no pertenecen a una peña concreta.
“Banderillas negras” para la carroza de las damas goyesca, impropia de las Damas Goyescas.
Las Damas Goyescas, que representan al pueblo de Ronda, han desfilado en una carroza impropia de lo que ellas representan y de lo que Ronda merece.
No se trata de si nos gusta más o menos una carroza. Se trata de si la carroza que cierra la Cabalgata de la Feria de Pedro Romero representa con la dignidad, la belleza y la identidad que merecen las Damas Goyescas de Ronda.
Un concurso de jamón que debe mirar más a Ronda y a la Serranía
No cuestionamos la celebración de actividades gastronómicas, sino su vinculación con nuestra Feria y el retorno que generan para nuestros productores y comerciantes.
Ronda y la Serranía cuentan con productos y empresas de enorme calidad, incluidos productores de jamón ibérico en municipios como Cortes de la Frontera o Faraján. Sin embargo, echamos en falta una mayor presencia de productores malagueños y de empresas de nuestro entorno.
Cabe preguntarse: ¿por qué en un Mundial del Jamón celebrado en Málaga no aparece ninguna empresa malagueña entre los finalistas? ¿Qué relación tiene este concurso con la identidad de nuestra Feria?
Se echó en falta una mayor presencia de productores malagueños, mayor participación de empresas locales, más actividades abiertas a los rondeños y una vinculación mucho mayor con la gastronomía de la Serranía.
Ronda tiene una Feria con una personalidad extraordinaria. No necesitamos importar identidad para llenar un calendario.
“Banderillas negras” para el caos del tráfico.
La movilidad ha sido otro de los grandes problemas de esta edición. Las medidas adoptadas por la Concejalía de Tráfico han provocado retenciones y dificultades de acceso que podrían haberse evitado. Especialmente polémico ha sido el corte de la circunvalación en los accesos a las rotondas del Lidl y del Monumento a los Sanitarios.
Y surge una pregunta evidente: si durante 18 o 19 años el trenecito ha estado cargando y descargando pasajeros en el recinto, ¿por qué este año aquello que funcionaba dejó de funcionar? Para eso se construyó un puente hace veinte años y para eso existe una infraestructura que debería permitir compatibilizar la Feria con la movilidad de la ciudad.
Ronda necesita un Plan de Movilidad específico para la Feria, preparado con antelación y explicado con claridad: cortes, horarios, alternativas, aparcamientos e itinerarios de acceso. También sería necesario mejorar la señalización, ofrecer información en tiempo real y coordinar las medidas con residentes y comerciantes.
Ronda merece más
La crítica no pretende cuestionar la importancia de la Feria de Pedro Romero. Precisamente al contrario: creemos en nuestra Feria, queremos que sea mejor.
Ronda tiene historia, tradición, cultura, flamenco, caballos, tauromaquia, gastronomía y una identidad propia. Lo que necesitamos es una programación que esté a la altura de todo ello: una Feria para todos, que cuide sus tradiciones, pero que también tenga ambición; que ofrezca cultura y entretenimiento; genere actividad económica sin perder su identidad; y esté bien planificada y comunicada.
