La mayoría de los rondeños ha escuchado decir que en el Puente Nuevo estaba la cárcel de Ronda. La serie de TVE “Curro Jiménez”, que se desarrolla durante la invasión francesa de 1808, presenta unas emocionantes escenas en las que el protagonista huye de la cárcel situada en el famoso puente. Este relato de ficción hizo que más de uno situara en ese momento histórico la instalación de la cárcel; personalmente no he visto documentación sobre esa época que me permita afirmarlo, pero tampoco puedo negarlo.
La mayoría de los rondeños ha escuchado decir alguna vez que en el Puente Nuevo estaba la cárcel de Ronda. La serie de TVE “Curro Jiménez”, ambientada durante la invasión francesa de 1808, contribuyó, sin duda, a fijar esa imagen en el imaginario colectivo. En una de sus emocionantes escenas, el protagonista huye de la cárcel situada en el famoso puente.
Lo que sí podemos consultar son las actas capitulares en el Archivo Histórico Municipal de Ronda. Personalmente experimenté una gran satisfacción cuando leí el acta del pleno del Ayuntamiento celebrado el 6 de marzo de 1855; el alcalde presidente de la corporación rondeña se llamaba don Francisco Corona Leiva y no debió de dormir muy bien la noche anterior. La noticia que debía darle a los munícipes no era ninguna tontería, por ello, nada más comenzar el pleno, hace partícipes a los concejales de algo que sin duda los debió de dejar consternados:
“… que habiendo llegado el día de ayer a su noticia que en el barrio de San Francisco se han presentado algunas enfermedades con síntomas sospechosos, había dado órdenes al subdelegado de Sanidad para que, acompañado de los facultativos que él designara, verificase inmediatamente un reconocimiento de los enfermos, remitiendo su informe autorizado; que esto ha tenido efecto, y de la comunicación del subdelegado resulta que en la calle Miraflores y en muy corto espacio existen hasta seis mujeres acometidas de cólicos coleriformes de la mayor gravedad, procedentes de la miseria y desamparo de la clase pobre y de la falta de socorros oportunos; que el señor alcalde había tomado las medidas y actuaciones más prontas a su alcance mandándoles suministrar medicamentos”.
Como vemos, el uso de eufemismos no es invención de los políticos actuales; me da la impresión de que don Francisco, en parte por cautela y en parte por no nombrar la fatídica palabra, se refería al cólera-morbo asiático con esa elipsis lingüística de “síntomas sospechosos”. Era el anuncio oficial de la epidemia de cólera que asoló Ronda en 1855.
En aquella época aún estaba vigente la teoría miasmática (si toses en mi cara me echas las miasmas). Esta teoría consistía en considerar a las emanaciones procedentes de la putrefacción de materia orgánica, aguas estancadas y al aire corrompido la causa de la aparición de las epidemias de cólera, fiebre amarilla e incluso la peste.
Esta creencia llevó a interminables discusiones en el pleno municipal de Ronda en el sentido de si era pertinente o no celebrar la feria de ganado, ya que se consideraba que los purines y excrementos podían favorecer la aparición de enfermedades.






